EL BIZARRAZO
Era el, 23 de mayo de hace un par de años, era un día miércoles, frío pero con sol. Se habían suspendido las clases en las escuelas para llevar a cabo la jornada de perfeccionamiento docente en toda la provincia de Buenos Aires, era la última que yo haría, menos de dos meses después ya estaba jubilada. Desde sus inicios estas jornadas las cumplía en la escuela en la que crecí, me formé y luego fui docente. Esa mañana, luego de desayunar y antes de salir había rezado el Santo Rosario como lo hago desde que era chica y luego al llegar al colegio entré a la bella capilla neogótica a rezar frente al Sagrario. Cuando ya habían llegado todos los docentes de todos los niveles nos hicieron ingresar en el salón de actos en el cual habitualmente por tener el mismo mucho espacio se realizaban dichas jornadas. Colocadas las sillas como en un anfiteatro, en el centro se había colocado una mesa, un atril con un ejemplar de las sagradas escrituras y la imagen de Nuestra Señora de Lourdes, una religiosa encargada de la catequesis comenzó una plática para así dar inicio luego a la jornada, la hermana habló muy bien: de su vocación, de la intersección de la Madre de Dios en todos los momentos de nuestras vidas, de la advocación de Nuestra Señora de Guadalupe, hasta ahí todo perfecto sin ningún desliz hacia la heterodoxia, ingenuamente yo pensé que ahí mismo rezábamos tres avemarías para santificar el día y comenzar la jornada, pero...la hermana levantó la cabeza y exclamó: ¡María! y acto seguido apareció caminando una profesora de catequesis del nivel inicial vestida como la Virgen Santísima: vestido y velo blanco, y la religiosa la abrazó con emoción diciéndole que la esperaba con ansias...pero faltaba más, la hermana comentó que vendría otra persona que era como si fuéramos todos nosotros y exclamó: ¡Isabel! y apareció otra profesora de catequesis vestida como Santa Isabel madre del Bautista y prima de la santísima Madre de Dios, a esta altura del show traté de mirar al techo para que mi cara no me delatara, teniendo en cuenta que quién caracterizaba a Santa Isabel largó una perorata sobre el servicio a los demás que remató con la frase :Todos somos Isabel...y ahí mismo yo no sabía si enfurecerme porque me sonó a eslogan peronista espinoso para mis oídos gorilas o reírme del papelón que estaba haciendo el trío de marras. Pero la paparruchada modernista fue in crescendo cuando la religiosa indicó quienes quisieran podían acercarse a la "Virgen María", abrazarla y contarle al oído sus peticiones o agradecimientos. Baje mi cabeza y traté de mirar a mi alrededor, había gente que como yo trataba de contener la risa o miraba con asombro, otros lloraban, en un momento "Santa Isabel" se acercó a mi, fueron pocos minutos pero parecía una eternidad, encima yo estaba sentada detrás de la Madre Superiora (ella se sentó después que yo estuviera ubicada, fue una casualidad) y estaba ante un dilema: como decir que no guardando las formas porque no quería pasar por bruta y loca ante la máxima autoridad del colegio y tampoco me quería amargar los últimos meses porque me quería ir bien del colegio. "Santa Isabel" me toco el codo y yo lo retiré contestando firmemente: Ya recé el Rosario esta mañana. No insistió gracias a Dios, la superiora tampoco se dio vuelta. El delirio duró unos minutos más y luego nos dividieron en grupos para trabajar el temario de la jornada. Traté de no sacar el tema, pero salió, una profesora en mi grupo manifestó su desagrado y calificó de bizarro al episodio. De ella tomé la palabra para relatar lo sucedido.
Comentarios
Publicar un comentario